Tuesday, March 31, 2020


CORONAVIRUS


Hoy, 27 de marzo, hace exactamente una semana que estamos transitando una situación inédita. Hace una semana que estamos realizando un aislamiento y que se traduce a nivel mundial. El Coronavirus acecha, con desparpajo y en forma abrumadora, se llevó consigo miles de vidas.

En nuestro país , en un inicio se hablaba del virus hasta con cierta risa burlona, ya que los primeros casos empezaron a atisbarse en diciembre, en China. Para nosotros, argentinos, era mirar una película a la distancia.  Algo confuso que no nos iba a  amenazar con su presencia. Se vislumbraba como algo realmente lejano , e improbable que nos fuese a dañar.

Paulatinamente el escenario, empezó a mostrar otras secuencias, otras siluetas. Intemprestivamente llegó marzo. En nuestro país iniciamos nuestras actividades laborales fuertemente, pero a dos semanas de calentar motores, el monstruo proveniente de Asia nos hizo detener la marcha. En forma traumática, brusca, sin permitirnos siquiera tomar aire, se nos ordenó “hacer cuarentena, resguardarnos en nuestros hogares”. Lo que significó interrumpir nuestros trabajos. En mi caso, cambiar la modalidad de trabajo, y como consecuencia también mermó la cantidad de pacientes para atender.

Mi labor está íntimamente vinculada con el padecimiento, con el sufrimiento de un sujeto. Y ahora a esto hay que sumar un contexto totalmente inédito e impredecible. Reina la incertidumbre, el caos, la angustia, el descreimiento. Las coordenadas de tiempo y espacio han cambiado abruptamente. Se han visto trastocadas en forma drástica. Los lazos sociales se encuentran sin bordes, desconcertados. La libertad de circular por la vida se vio de golpe, amenazada por este monstruo con Corona, que se da el lujo de ir cambiando de aspecto, generando el desconcierto de los especialistas que tratan el tema. A Corona hay que bajarle los humos y que se transforme en una coronita domable y domesticable.
Mientras tanto nosotros precisamos estar en nuestros hogares, pero no perder contacto de nuestros afectos. Es muy necesario ese lazo con el otro. No debemos aislarnos socialmente. Los analistas sabemos que el organismo no es lo mismo que el cuerpo del sujeto , ya que precisa además del cuidado del organismo, del encuentro con los otros. El cuerpo del sujeto está enlazado a la palabra. Necesita de ella. Al no existir la posibilidad de ese encuentro, aunque más no sea de forma virtual, existe el riesgo que sobrevenga la depresión, perdiendo nuestra vitalidad.